Main

 
El Día de las Madres


El Día de las Madres en el Aguadilla de mis recuerdos era un acontecimiento parecido al de Los Reyes salvo que la agraciada era la autora de nuestros días.

Días antes las aceras frente a la Plaza Degetau eran invadidas por vendedores ambulantes los que en completo desafío a los comerciantes ya establecidos,ofrecían a precios más bajos artículos para el hogar algunos, prendas personales y canastas de frutas los otros. Todos se situaban en puntos estratégicos al paso de los peatones.

Los puestos que más llamaban la atención eran los que vendían utensilios para el hogar y los de frutas. Envueltos en papel de celofán de colores brillantes el cliente podía obtener tazas de beber café y sus respectivos platillos con inscripciónes pintadas en la taza que leían: Para ti, Mamá; Felicidades, Madre Mía; Te Amo, Mamá; En Tu Día, Mamita.

Cajas de jabones Maja, Para Mi, Yardley o la combinación de jabones y esencias para el tocador femenino resaltaban ante los ojos del comprador por sus envolturas del resplandeciente papel celofán en colores. Como una madre al fin, la Naturaleza también participaba en la festividad ofreciendo unos días hermosos y soleados .

De igual forma los puestos de frutas utilizaban el mismo truco de venta. Canastas de manzanas, peras y ramos de uvas eran envueltas en el papel cromático atrayendo con sus aromas el olfato del parroquiano que prefería regalarle frutas a su progenitora.

En la víspera (que por fortuna para los comerciantes es un sábado) la actividad aumentaba desde temprano en la mañana. De todos los barrios y campos inmediatos llegaba una oleada humana en busca de los regalos para mamá en su día. Entradas las ocho de la noche las tiendas y los vendedores estacionados en las aceras mantenían sus negocios abiertos acomodando así a los que preferían hacer sus compras después de la cena.

Mi madre solía ser de las primeras en hacer las compras ese día. Agarrados fuertemente de las manos mi hermana Esperanza y yo éramos conducidos a los puestos en las aceras y una vez allí mi madre depositaba dos dólares en nuestras palmas diciéndonos: "Esto es lo que quiero que me regalen" y con su dedo indicaba el artículo de su predilección.

Llegado el día dedicado a las que en sus vientres nos cargaron por nueve meses, desde temprano la radio transmitía música y mensajes de felicitaciones solicitados con anterioridad por hijos e hijas agradecidas: "Enviamos un saludo muy afectuoso a la señora Fulana de Tal de parte de sus cinco hijos: Pedro, Pablo, Chucho, Jacinto y José. De su puño y letra ellos han escrito el siguiente mensaje para doña Fulana: Te amamos con todo el alma, mamá, y te deseamos que pases un día feliz junto a papá." En la cocina de su hogar doña Fulana derramaba una ponchera de lágrimas al escuchar el mensaje de sus hijos mientras preparaba comida para la invasión de hijos, nueras y nietos prestos a celebrar junto a ella el Día de las Madres.

Aprovecho para intercalar unas líneas sobre el Día de los Padres el cual era una copia al de las madres con la excepción de los calificativos masculinos usados y era celebrado con menos pompa. Los puestos de ventas ofrecían artículos para el uso varonil entre ellos: Brillantina Alka, jabones Yardley para hombres, rastrillos y navajas Gem y Pal para la afeitada diaria, ropa interior masculina, pañuelos y las dichosas tazas de café; éstas con inscripciones tales como: A mi Padre; En Tu Día, Papá; y Felicidades, Papá.

Así se celebraban en el Aguadilla de mis recuerdos los únicos días del año dedicados a la pareja que nos dió el soplo de vida que permite nuestra existencia en este planeta. A todos ellos, vivos y muertos, dedico estas cortas líneas.