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El Tema de los Temas
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texto de la revista Bohemia 20 de abril de 2001
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fotos por Cindy O'Hara
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La economía se recupera, pero la problemática de los ingresos ha cobrado complejidades y cada vez las generalizaciones parecen servir menos para interpretar cómo se distribuyen los ingresos entre la población cubana.
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POCOS meses de existencia podían quedarle a aquel hombre de apariencia sana y atlética. La ciencia del cardiólogo había descubierto una severa obstrucción arterial que debía resolverse de inmediato. Cerca de tres horas duraron los ritos quirúrgicos, y el tiempo volvió a correr en el sentido de la vida. En agradecimiento, semanas después de su operación, quiso regalarle al cirujano un televisor Philips de 19 pulgadas. "Ni con eso le pago", se dijo al reafirmarse como vivo.
La historia no lleva nombres, pero fue real. Javier-podría llamarse el resurrecto-desde 1996 renta a turistas dos confortables habitaciones en su casona del Vedado y hoy, como promedio, tiene ingresos netos mensuales de 800 dólares. El salario del cardiólogo, aunque de los más altos, no remonta los 800 pesos. Casi 21 veces más ganaba el hospedero que el cirujano cardiovascular. Ambos, sin embargo, disfrutan de las mismas gratuidades y subvenciones sociales.
El dilema de los ingresos, que con frecuencia se suele ejemplificar con casos como estos, resulta una de las problemáticas más complejas del actual entramado socieconómico cubano. Y cada cual, con la mayor y legítima pasión, lo analiza desde su experiencia, y desde el caudal de necesidades postergables o satisfechas en estos años emergentes.
Después del tema de la vivienda, los otros tres puntos que más absorbieron las energías en los debates de las Tesis del XXXVIII Congreso de la CTC, se conectaban con el viejo tópico, aunque por distintas vías. Como a Roma, todos los caminos parecían conducir a los ingresos.
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Ejemplos de las dos monedas: Los diez pesos arriba valen alrededor de $.45 US (45 centavos USD). El peso convertible que aparece abajo es equivalente de $1.00 USD. Todos los cubanos puede poseer pesos y dolarles, pero algunos productos y servicios solo se puede obtener con dolares.
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Las discusiones sobre la estimulación y la atención al hombre, sobre los salarios y los precios, y sobre la dualidad monetaria y el valor de la moneda nacional, resumían un anhelo común: el aumento de la capacidad económica de la mayoría que aún vive ajustada a salarios y pensiones.
En lugar de irse simplificando al tiempo que la economía se recupera, la problemática del ingreso ha cobrado complejidades que desconocer podría inducir a error. Cada vez las generalizaciones parecen servir menos para interpretar cómo se distribuyen en realidad los ingresos entre la población cubana.
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La historia inevitable
Antes de la crítica década de los 90, los ingresos de la población cubana provenían básicamente del salario. Según cálculos de aquellos años, el 95 por ciento de las personas que trabajaban eran asalariadas, y el sueldo, dentro de todo el cúmulo de ingresos de la población, representaba en volumen el 85 por ciento.
El poder adquisitivo de los salarios, en aquellos años, era relativamente alto. Los sueldos, en primera instancia, se realizaban en el mercado de productos racionados -mucho más nutrido que el actual-, y parte considerable de ellos se dedicaba a la compra de una amplia gama de productos en los mercados de precios liberados. La forma de acceso al consumo era la misma para todos, y el sistema de ingresos se había ajustado a aquella realidad.
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Sin embargo, aquel paisaje de homogeneidad en los ingresos provenientes del salario, no era del todo perfecto. La escala salarial vigente por aquellos años, partía de un criterio de uniformidad que no estimulaba adecuadamente los rendimientos productivos. El patrón de medida era la calificación, y el criterio de que "a igual trabajo, igual ingreso" obviaba diferencias importantes.
Un mecánico "A" en la Ciudad de La Habana, tal vez con una intensidad de trabajo mayor, ganaba lo mismo que un mecánico "A" en Guantánamo donde, además, el cúmulo de gastos era menor.
Y podía ocurrir lo contrario: que una contadora de máxima calificación en alguna de las fábricas de níquel de Moa, ganara lo mismo que la contadora de una modesta tienda de La Habana, sólo por tener la misma categoría.
Al desatarse la súbita contracción económica, se mantuvieron protegidos e intactos los ingresos y los empleos, pero la oferta de productos y servicios cayó abrumadoramente. El exceso de dinero en circulación, levantó una espiral inflacionaria que provocó un desmesurado crecimiento de los precios en la esfera informal o "bolsa negra". Desde ese momento, buena parte del salario se dirigía a satisfacer necesidades elementales en el mercado negro. Eran los tiempos en que un dólar llegó a costar 150 pesos y una cajetilla de cigarros 30.
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Las estrellas en el cuello de la camisa de este trabajador significa que él ha ganado la condición de vanguardia por su buen trabajo. Puede recibir una estimulación en divisas convertibles o tarjetas magnéticas que puede usar para comprar en dolares.
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En el año 1993 la economía pudo tocar el fondo, y a la estrategia de subsistencia diseñada se les sumaban ahora decisiones que propendían a lograr una recuperación.
Después de los extensos debates en los parlamentos obreros de 1994, se logra un consenso nacional a favor de la adopción de una política de saneamiento financiero; se despenaliza la tenencia de divisas y se autorizan las remesas familiares desde el exterior, abren sus puertas los mercados agropecuarios con una presencia mayoritaria de comercializadores privados; es ampliado el trabajo por cuenta propia; se crea un sistema tributario; y se autoriza la renta de habitaciones y de casas a extranjeros o a ciudadanos nacionales.
Actividades que antes funcionaban en la informalidad, se regularizaron, y los precios deshaciéndose poco a poco de los abusos especulativos fueron bajando, entre otras razones, por la reducción notable del exceso de dinero en circulación, y por la aparición de casas de cambio que tomaron las riendas del canje de la moneda cubana al dólar.
Todo había cambiado. Un mercado de precios altos, en pesos cubanos, comenzaba a expandirse, y surgía una red comercial en dólares con la finalidad de recaudar todas aquellas divisas vitales para el funcionamiento empresarial de la Isla. Sin embargo, los salarios no fueron ascendiendo en iguales proporciones. Era de locos creer que sólo con el salario se podía saltar el elevado rasero de los precios.
Ya los ingresos no podían explicarse desde una óptica que comprendiera al salario como el ente protagónico. El trabajo privado (legal o no), las remesas familiares, la venta de productos o servicios a los turistas, los pagos en dólares a los cubanos que trabajaban en empresas extranjeras, formaban un volumen de dinero creciente que entraba a la circulación y se distribuía sin responder a las reglas de equidad deseables.
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Texto (c) 2001 Bohemia
Fotos (c) 2001 C. O'Hara
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